24 de marzo de 2013

La rabieta del humorista

Hay veces en las que un humorista deja de sonreir. Al principio uno lo toma desde el punto de vista profesional, y comprende que, en casa de herrero el cuchillo no sólo es de palo, sino que, el tenedor es de plástico. Y no, de ése plástico berreta que te dan en los lugares de  comida rápida, que siempre van acompañados de un pequeño sobrecito de sal, con el nombre del establecimiento. Más bien, el tenedor del humorista triste es de un plástico más grueso, dificil de romper, similar a los huesos de veterinaria para los perros, gruesos, toscos, casi inservibles. Pero visiblemente, para eso animales, divertidisimos. Bla.
Porque el humorista trabaja con la sonrisa, entonces,  cuando se encuentra con una rabieta, no sabe que hacer con ella ¿Juego a la pelota con éste enojo? ¿La dejó en el cristalero, para qué, cada vez que pasé, me miré y pueda recordarla?
En definitiva el humorista no sabe muy bien qué hacer con el mal humor. Lo que también hay que dejar en claro es que hoy en día, en estas épocas, en estos tiempos, ya no hay humoristas por la calle, es un oficio que está en desuso, ya no sé estila ser humorista. Hoy día, el "standepero", es como el rapero del humor y corrió al humorista al un segundo plano ¿Por qué? Porque humorista sé es, todo el día, en cambio, el stand up se convirtió en una especie de hobby del muchacho simpaticón.
En fin, la rabieta del humorista es casi un desahogo para el humorista porque es ahí cuando verífica que es un poco humano y que no vive, en éste mundo, con una sonrisa en la cara. O intentando ponerle buena onda a todo lo que se cruza. El humorista también tiene problemas, y ahí es, cuando comprende que cualquier enojo es un gramo de humanidad. Y que, aunque se intente, la sonrisa eterna va sólo acompañada de un buen maquillaje o de un microfono prendido.